Si tú,
como Job
Si
tú como Job
te
quejas en tu tormento,
y
piensas que el Todopoderoso
está
contra ti,
y
terrores por la noche,
te
combaten en tu aposento.
Y
las cosas que temías,
esas
son ahora tu alimento.
Y
piensas que Dios no te escucha,
que
todo te ha faltado:
el
sustento,
el
abrigo,
un
hermano,
cualquier
bien…
Y
hasta los amigos
más
queridos
te
han traicionado también.
Si
tú como Job,
piensas
que es fatiga la vida,
que
todo es adversidad,
cansancio
y contrariedad.
Que
tus noches son largas
y
llenas de insomnio hasta el alba.
Si
se desgasta tu cuerpo
y te
traiciona la edad,
y se
van tus días
veloces
como el viento,
y te
sientes triste, sólo
y
sin tiempo.
¡Oh,
cuantos lamentos!
Si
como Job
decides
quejarte
y
gritar tus males al viento
y
consideras la vida del hombre:
breve
y hastiada de tormentos.
Llena
de sinsabores
y
con menos esperanza de vida
que
un árbol lleno de flores
que
al caer
y
pudrirse,
sale
de su tronco un retoño,
pero
el hombre,
cuando
cae y muere,
no
retorna de la muerte.
Y si
decides preguntarle a Dios,
igual
que Job:
¿Cuándo
me levantaré?
¿Hasta
cuándo, oh Dios así estaré?
¿Por
qué me pones por blanco tuyo?
Próspero
fui
y
ahora voy de quebranto
en
quebranto.
¡Es,
esta mi vida
un
espanto!
Mi
cabeza está metida en el polvo
y
son mis ojos un mar de llanto.
Y
entre preguntas y quejas…
Interrogó
Dios a Job:
¿Dónde
estabas tú
cuándo
yo creaba el firmamento?
¿Quién
le dijo al mar
este
es tu lugar y de aquí no pasarás?
¿Quién
hizo al avestruz sin entendimiento?
y de
la cabra montés, sabes los meses de su preñez y el día de su alumbramiento?
¿Quién
dibujó en el cielo la línea del horizonte?
y la
estrella polar,
que
apunta hacia el norte?
¿Quién
le dijo a la luna
cuando
salir y al sol, cuando debía marcharse?
Respóndeme
tú si lo sabes.
Y
siguió Dios preguntando:
Dime
¿Quién?
¿Cómo?
¿Por
qué?
¿Cuándo?
Y
Job
reconoció ante Dios
su
incapacidad.
¡Gran
verdad!
y
aprendió una gran lección:
“No
es sabiduría contender con el Creador.”
Y
exclamó, con gran dolor:
¿Qué
te responderé?
“soy
un hombre vil
mi
mano pondré en mi boca
y
nunca más hablaré.
hablaba
lo que no entendía
cosas
maravillosas que no comprendía”.
Tú
al
igual que Job
aprende
la enseñanza.
y
acepta lo que te ha venido
con
paciencia, serenidad
y
templanza.
Dios
está en control de tu quebranto.
No
se goza ni se alegra
con
tu llanto.
¡Pasará
te lo aseguro!
¡No
lo dudo!
Dios
quitó de Job
la
aflicción
y
cambió por risa,
el
dolor.