jueves, 31 de agosto de 2017

Poema: Si tú, como Job



Si tú, como Job

Si tú como Job
te quejas en tu tormento,
y piensas que el Todopoderoso
está contra ti,
y terrores por la noche,
te combaten en tu aposento.
Y las cosas que temías,
esas son ahora tu alimento.
Y piensas que Dios no te escucha,
que todo te ha faltado:
el sustento,
el abrigo,
un hermano,
cualquier bien…
Y hasta los amigos
más queridos
te han traicionado también.

Si tú como Job,
piensas que es fatiga la vida,
que todo es adversidad,
cansancio y contrariedad.
Que tus noches son largas
y llenas de insomnio hasta el alba.
Si se desgasta tu cuerpo
y te traiciona la edad,
y se van tus días
veloces como el viento,
y te sientes triste, sólo
y sin tiempo.
¡Oh, cuantos  lamentos!

Si como Job
decides quejarte
y gritar tus males  al viento
y consideras la vida del hombre:
breve y hastiada de tormentos.
Llena de sinsabores
y con menos esperanza de vida
que un árbol  lleno de flores
que al caer
y pudrirse,
sale de su tronco un retoño,

pero el hombre,
cuando cae y muere,
no retorna de la muerte.


Y si decides preguntarle a Dios,
igual que Job:
¿Cuándo me levantaré?
¿Hasta cuándo, oh Dios así estaré?
¿Por qué me pones por blanco tuyo?
Próspero fui
y ahora voy de quebranto
en quebranto.
¡Es, esta mi vida
un espanto!
Mi cabeza está metida en el polvo
y son mis ojos un mar de llanto.

Y entre preguntas y quejas…
Interrogó Dios a Job:
¿Dónde estabas tú
cuándo yo creaba el firmamento?
¿Quién le dijo al mar
este es tu lugar y de aquí no pasarás?
¿Quién hizo al avestruz sin entendimiento?
y de la cabra montés, sabes los meses de su preñez y el día de su alumbramiento?
¿Quién dibujó en el cielo la línea del horizonte?
y la estrella polar,
que apunta hacia el norte?
¿Quién le dijo a la luna
cuando salir y al sol, cuando debía marcharse?
Respóndeme tú si lo sabes.
Y siguió Dios preguntando:
Dime
¿Quién?
¿Cómo?
¿Por qué?
¿Cuándo?

Y Job
 reconoció ante Dios
su incapacidad.
¡Gran verdad!
y aprendió una gran lección:
“No es sabiduría contender con el Creador.”

Y exclamó, con gran dolor:
¿Qué te responderé?
“soy un hombre vil
mi mano pondré en mi boca
y nunca más hablaré.
hablaba lo que no entendía
cosas maravillosas que no comprendía”.

Tú
al igual que Job
aprende la enseñanza.
y acepta lo que te ha venido
con paciencia, serenidad
y templanza.
Dios está en control de tu quebranto.
No se goza ni se alegra
con tu llanto.
¡Pasará te lo aseguro!
¡No lo dudo!
Dios quitó de Job
la aflicción
y cambió por risa,
el dolor.









Poema: Adiós



  Adiós
Me estoy yendo.
Respiro mi último aliento.
Ha llegado
la hora de mi partida.
Si tienes algo que decir
dilo ahora vida mía.
-Te amo _ contestó de la amada la voz_.
Y… expiró.


Relato



                                            Inocente mariposa

__ Estudiantes de noveno grado, ocupen el aula de décimo – Le dijo el profesor Jean Pietro a sus alumnos. 

Luego, dirigiéndose al aula de décimo: - ¡Ustedes, vayan al aula de noveno.

Era el día de los inocentes y él estaba planeando una broma para la profesora Cristiam.

__ Buenos días  __ dijo la profesora a los estudiantes de décimo grado.
__ Bueeenos díííaaas.
__ ¿Cómo están?
__ Bien graciiiaaas, ¿y usteeed?
__ Bien, gracias a Dios.

Los alumnos reían de manera disimulada porque en realidad ellos eran los estudiantes de noveno.

__ ¿Listos para el examen? __ Preguntó la profesora al mismo tiempo que les distribuía  los papeles.

Los alumnos asustados, se miraron unos a otros.

__ Profesora, disculpe es quuee… __ exclamó un alumno.
__ shhh, shh __ Lo interrumpió la profesora, llevándose el dedo índice de la mano derecha a los labios, en señal de silencio.


__ No se permite hablar durante el examen.

Y dicho esto se sentó.

Una mueca imperceptible se dibujó en su cara viendo la agonía de sus alumnos.




En la estación



                             En la estación
        
 Nos detuvimos en la estación de gas para echar combustible. Bajamos del vehículo y cada uno de los ocupantes se dispuso a esperar.

Yo esperé en el lateral izquierdo de la estación.
      
       El día estaba nublado y todavía se contemplaba la humedad de la lluvia de la noche anterior.

Buscando en qué recrear mi vista, observé una ciguita en el suelo que trataba de comerse un grano.

Lo intentaba una y otra vez y fallaba.

Mientras la observaba en su intento, creí ver que la ciguita estaba herida porque la veía moverse con dificultad.

Finalmente se comió el grano, y voló.

Ante mis ojos se reveló el secreto: La ciguita tenía una sola pata.