Sentada bajo el almendro
y a un lado el sol
y del mismo lado el ramaje
y en la espalda
una hormiga negra
me pica
y la piel se me eriza.
Brilla el sol.
Se mueve el ramaje
y yo escribo versos
bajo el almendro
que se mueve.
Y en la espalda
el escozor
de una hormiga extinta
que inyectó en mí su dolor.