Doña Sanica
Era
cerca del mediodía. Y aunque había algunas nubes en el cielo, y hacía mucho
calor y una sensación de humedad se sentía en el ambiente,
Ali entró al vivero acompañada de su esposo y,
aunque su deseo hubiera sido hacer un recorrido y detenerse a contemplar cada
plantita, sólo recorrió algunos senderos.
Se detuvo a contemplar los anturios y las
suculentas.
Detrás de ella, su esposo la contemplaba.
Ali era una maestra soñadora que ocupaba
parte de su tiempo libre a hacer jardinería en la azotea del tercer piso del
apartamento que alquilaba.
El
esposo de Ali continuaba observándola. Ella caminaba por el sendero lateral
derecho.
De repente, se detuvo. Y regresó al sendero
opuesto.
__ Quiero regresar otro día y quedarme aquí un
buen tiempo. Es muy placentero estar aquí __ Dijo Ali.
__ Así es
__Contestó el hombre que los estaba atendiendo.
Ali no contestó y continuó avanzando.
__ Quiero una plantita de estas __ dijo__. Señalando
unas plantitas de flores muy alegres.
__ Se llaman Sanica __ Le dijo el hombre.
Ella sacó su libreta y lo anotó para que no se le
olvidara el nombre.
Ali quedó muy entusiasmada con la plantita.
Era una plantita nueva para ella. Nunca la había
visto.
Cuando llegó a su casa colocó su hermosa y
nueva planta junto a las otras.
y se dispuso a investigar en internet y, encontró que el nombre de la
plantita para su país era “Doña Sanica” y que el nombre científico era “Talanca
Camara”.
Pasaron
varias puestas de sol desde que Ali
compró la plantita de Sanica.
Declinaba el sol y las golondrinas revoloteaban sobre la azotea y sobre
la cabeza de Ali.
Una paloma contemplaba la tarde en su declinar.
Ali pensaba.
__ Tengo que ir a caminar.
A lo
lejos una bandada de garza avanzaba a toda prisa y la tarde continuaba sin
detenerse en su declinar.
Ali también avanzaba en su caminata.
Pasando junto a la casa de la hermana Sonia, no
podía creer lo que miraban sus ojos. En la esquina, casi en la acera, al pie de
una pequeña palmera: una plantita de Sanica.
Pensó: _ ¡Qué extraño! Siempre paso por aquí y
nunca la había visto.
De regreso, pasó por la calle de Josefa y
Gumercinda y, justo en la esquina, incrustada al pie de un poste del tendido
eléctrico, movida por el viento, se engalanaba otra plantita de Sanica.
_OH _ suspiró. Y se detuvo a contemplarla.
Al día siguiente.
__
¿Y qué ruta tú haces? __ Le preguntó Jeini a Ali.
Jeini era la hermana mayor de Ali, y ese día la
iba a acompañar a caminar.
__ Sigo toda la calle principal y luego doblo por
Boca Nueva, pero hoy quiero cambiar la ruta.
Ali quería pasar por donde se pone el hombre del
pescado, para comprobar si lo que habían visto sus ojos, cuando regresaba del trabajo,
era lo que estaba pensando.
__ Mira una aquí __ dijo la hermana de Ali,
señalando una plantita de Sanica.
__ Y mira otra allá __ Volvió a decir, sin que Ali
pudiera reponerse de su asombro.
Por fin dijo:
___ Es lo que te estaba diciendo: Ahora están por
todos lados.
___ Y te las vas a seguir encontrando __ expresó
su hermana sin ningún entusiasmo.
Se
dirigieron a la esquina del hombre del pescado y, efectivamente, allí estaba.
Con sus colores al viento, una florecida plantita de Sanica.
Tomaron algunas ramitas y semillas para sembrar.
Comenzó a caer la noche y grandes
nubarrones cubrían el cielo.
La lluvia fue anunciada por las golondrinas al
atardecer.
Pero ninguna golondrina se quedó para verla caer.
Sentada en la azotea, Ali reflexionó: “El que no
sabe es como el que no ve”.
Hoy, al llegar al trabajo, Ali vio una
plantita de Sanica en el jardín frontal.
Y,
al salir, vio otra y otra…
Alida Hernández. (22 de marzo de 2017)
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